2 de septiembre de 2010

Septiembre.

Septiembre, mes de la adaptación al colegio, al trabajo. Mes en el que comienzan los buenos propósitos que por más que quiera enero, no le quita el liderazgo que ostenta, porque aquí, aunque en el noveno caiga, es siempre el primero. El primero en crear hábitos, ya sean buenos o malos, el primero en recordarte que has de ser responsable, juicioso y consecuente con cuánto te sobreviene; que has de ser aplicado, esmerado y persistente con cuánto acaeciese. En septiembre, todo se renueva, avanza con la energía que le ha otorgado agosto; agosto te dió la oportunidad de meditar, de recapacitar, de retirar aquello de lo que podías prescindir y de conservar lo irremplazable, lo vital. Te dió el clima que necesitabas para discernir entre lo constrictivo y lo opcional. Septiembre comienza con lo forzoso, lo irremplazable, lo vital, lo necesario, lo constructivo, lo constrictivo, lo obligatorio....nace con la responsabilidad en el calendario, con la rutina, con el interés y con la propulsión del atleta al inicio de la carrera; pero, y en la misma proporción, también surge con el declive del trabajador acosado, con el terror del chaval a la entrada del colegio y el pánico que soporta una madre al prepararle el desayuno y saber que va a ser objeto de burlas y bromas unas horas más tarde del beso de despedida, intuyendo que el verano ha sido corto en aprendizaje de herramientas para esquivar los ataques hirientes, amenazantes y rompedores de una autoestima que decae cuál hoja en breve de su árbol. Todo es septiembre, pues en treinta días de todo acontece. Sólo espero que algunos encontremos un atajo al dolor persistente que bloquea la dignidad dañándola irreversiblemente.

"Lo más atroz de las cosas malas es el silencio de la gente buena" - Gandhi


2 comentarios:

nuria dijo...

Entiendo cómo afrontas Septiembre,el temor que sientes ante un nuevo curso para ella; parece que no es sólo ella, sino muchos niños los que se liberan en verano de la presión que ejerce esa obligatoriedad de adaptarse a lo establecido (que se supone que es mejor para ellos, que "alguien" lo supone, decidido siempre por el bien común y no individualizado).
Podríamos no parar de hablar de qué es lo correcto, qué es lo adecuado, esa igualdad que se pretende o esa singularidad que existe.
Todas aquellas personas singulares no tienen cabida en el sistema, ese sí que es constrictivo, y no el mes. Agosto también constriñe. (o no?).
Lucho a diario por conseguir en la medida de lo posible que estas personas singulares (niños más bien) sean capaces de adaptarse a eso que la sociedad pide de ellos, a eso que llaman "normalización" (cuidado con el término!). Y Mª del Mar, fíjate en tu alrededor, y dime: si no es verdad que avanzamos por el buen camino, que cada vez te encuentras con más personas que entienden el témino, que cada vez hay más mentalización de una educación personalizada. Una, que ya es mayor (je je) ve una gran diferencia entre hace 20 años y ahora, vamos por buen camino, y a las madres luchadoras, víctimas de la incomprensión, y que tienen que ir abriendo paso, mi más reconocido mérito, porque lo tenéis, porque sois las que granito a granito conseguís que esos pasos se den.
No temas a Septiembre, y piensa que por fin se terminó agosto.
Un beso, el más achuchón.

María del Mar dijo...

Hola Nuria, si bien es cierto que la educación individualizada o adecuada para cada niño va mejorando, y que los profesionales se implican más y están mejor informados, aún queda tanto por hacer! Que crean en ellos, que apuesten por ellos, que sus cerebros no se desperdicien, que sus habilidades sean cuales sean no se achiquen, que se expandan. Que los motiven. Algo tan antiguo como "Enseñémosle a pescar y no les demos los peces".
Tienes mucha razón, agosto ha sido muy duro, demasiado para resistirlo sola, ha sido una odisea que finaliza mejor, he tenido que convertir el agua en vino, la impotencia en dolor, el dolor en ira, la ira en aplomo, el aplomo en pensamiento, el pensamiento en reto, el reto en logro, el logro en camino, el camino en equilibrio.
Gracias por estar siempre, siempre ahí.