3 de septiembre de 2010

La explosión del globo.

Es sencillo multiplicar lo que ves, tocas, coges y puedes desplazar. Pero intenta multiplicar por cien la explosión de un globo en un parque de bolas repleto de niños chillando, jugando, lanzándose de unos toboganes y cantando en el karaoke; luego cierra los ojos y escucha sus pasos mientras suben por unas escaleras a empujones para llegar a darle un regalo al cumpleañeros y comerse su tarta. ¿Has logrado entrar en situación?
¿Aturdido, atolondrado, desorientado? ..........
Ahora tendrás que introducirte en la corteza auditiva de una niña asperger con hipersensibilidad al ruido y padecer cómo en los lóbulos temporales de tu cerebro se concentran vertiginosamente los zumbidos producidos por el barullo, la explosión de algarabía, fustigando tus sienes como si del estallido de un bucle temporal se tratara, volviendo al origen, comprobando la fatiga emocional ocasionada, la angustia generada y la oposición de volver a revivir esa experiencia con lo difícil que ha sido que sea invitada.
¿Sabeis lo que acaba de perder esa niña?, no de su dolor somático, sino de su perjuicio social. ¿Sabeis cuánto tendrán que trabajar sus padres, su pedagoga para que esta niña acuda de nuevo a un parque de bolas?. En el caso de mi hija, ocurrió antes de cumplir los cuatro años, teníamos "ventaja" porque cuando llegamos a nuestra casa, ella contaba con tres meses de edad y al taladrar nuestras paredes descubrimos que se extremecía al nivel que su sangre circulaba hasta su carita haciendo sonar unos berrinches que aturdían a cualquier persona a metros de distancia, porque su cuerpecito se extendía hasta el infinito al que vimos porque sus pies lo rozaban. Lo sabíamos porque batíamos su comida y sufría, porque pasábamos por una calle en obras y se engarrotaba al sonar de un martillo rompedor al que yo desde lejos rogaba para que el obrero lo parara. Porque hace años me despertó en la madrugada la aceleración de una moto y corrí por inercia a comprobar que sus manos no tapaban sus oídos con fuerza, manos impotentes, pequeñas y resistentes a tanta crueldad sonora a la que su padecimiento le ha enseñado a tolerar. Mi hija ha aprendido a tolerar los ruidos, pero jamás dejarán de amenazarla, de perturbarla, de estresarla. Mi hija aprendió a ir a un parque de bolas y a disfrutar de un cumpleaños con amigos, pero a otros niños, más afectados, menos trabajados o con menos suerte aún les queda mucho para "ganarle" la batalla al ruido.
"Hasta que todos los individuos de una sociedad no se encuentren plenamente
integrados en ella no puede decirse que sea una sociedad civilizada" - Albert Einstein

3 comentarios:

Antonio Fernández dijo...

Excelente, María del Mar, excelente. Creo que no se podría explicar de mejor manera el cúmulo de sensaciones que se producen en un cerebro diferente ante determinados estímulos sensoriales: el vértigo, el dolor más psíquico que físico, la angustia, la desorientación... ni yo podría haberlo explicado mejor. Tienes una batalla ganada, la de entender a tu hija, pero la guerra siempre es larga y dura.

Para los que somos Asperger siempre llegan momentos de fatiga en la lucha, de estar cansados de todo, y lo único que nos queda para continuar es la voluntad, tu hija te tiene a ti, sigue con esa fuerza hacia adelante.

Un saludo.

María del Mar dijo...

Gracias Antonio, gracias.
Jamás nadie me dijo alto tan bello como lo que has escrito hoy tu: "tienes una batalla ganada, la de entender a tu hija", jamás nadie me ha hecho sentir tan plena y tan llena. Me has hecho llorar al pensar que es posible que eso suceda, ojalá ella se sienta algún día con esa sensación de que yo la comprendo, ojalá por siempre yo sea capaz de meterme en su interior y analizarlo, amarlo y ayudarlo.
Ojalá Antonio sea por siempre así.
Te tengo que reiterar mis gracias.

belijerez dijo...

Quizás yo también tenga algo de Asperger...porque no soporto los ruidos ruidosos.

Esta entrada me ha encantado.
Gracias por descubrime.