11 de septiembre de 2010

El sentido del tacto.

     Un toque desafortunado puede ser el roce al querer acercarle la goma, el sacapuntas mientras hace su tarea. Es sólo un roce atolondrado que acarrea la autolesión en la piel tocada. Es exclusivamente fortuito, un simplón e inocente acto que ni siendo meticulosa logras dominar y que provoca un agravio desproporcionado, de duración.... unos segundos contemporizados de pesadumbre, desconsuelo y un sinsabor que gustas fermentado, con un toque avinagrado, indigesto... y pasa... y te pide perdón por el rebote y aquí no ha pasado nada, al menos aparentemente. Todo ha sido no esperado, por ella, por mí si, tras mi acto.
     Luisa no rechaza el contacto físico en el juego, en las muestras de cariño, Luisa disfruta de todo aquello. Es una niña cariñosa, dulce y estupenda pero... cuando no se lo espera, su cerebro ha de mandar una señal estresante que le aturde; aunque poco a poco, ya va doliéndole menos, esos estímulos va reconociéndolos como buenos, inocentes y no provocados, su cerebro va ordenando a sus manos que se queden quietas y a su alma que no se angustie.
     Y es que pasito a pasito dan saltos de gigantes, parece como si casi espontáneamente se enderezaran, ¿para qué? yo tengo una teoría:
Dejar paso a otros obstáculos. Mi hija avanza, como tu y como yo, yo según las piedras de su camino, pero ella es la que va retirándolas, ella debe de divisar más allá de la primera piedra por lo que inconscientemente percibe que le estorba para proseguir, una vez apartada, permanece aliviada a la vez que inquieta, quizás por el peso del siguiente pedrusco.
     Un obstáculo puede ser tan firme que incluso deforme la realidad, una barrera puede estar tan incrustada en el cemento que puede ser una odisea derrumbar. Aquellos óbices están colocados por nosotros mismos, otros nos vienen impuestos por la sociedad, otros son fortuitos.
     Sea como fuese, procedan de uno u otro lugar, afecten más a unos que a otros, todos son y están impidiéndonos el paso, por lo que debemos emprender una campaña de solidaridad, primero reconociendo el terreno, allanarlo, limpiarlo de maldad, luego haciéndolo transitable.
     ¿Podríamos?, si, podemos.




Démosle el tiempo necesario, pero permitámosle continuar.


4 comentarios:

Paqui dijo...

A veces, nos tropezamos con obstáculos para alcanzar nuestros sueños, incluso gente de alrededor que no cree en nosotros, en nuestras capacidades, incluso te acusan de seguir con ello, de seguir luchando.Y yo me pregunto el por qué de este empeño, el por qué esta disuasión, el por qué no ayudan a saltar barreras, a derrumbar piedras...Duele, duele esta falta de fe, pero se suple con valor, con el valor que tienen personas como tu, con la magia diaria de las pequeñas cosas, de los pequeños pasos.

Antonio Fernández dijo...

Esta vez voy a llevarte la contraria, María del Mar, pero con cariño, al fin y al cabo no tengo hijos y no voy a ser tan atrevido como para dar consejos sobre como criarlos. Hablas de solidaridad y de despejar el camino ¿pero no sería mejor dejar que lo despejara ella y estar tú a su lado para sujetarla cuando tropiece o para ayudarla a apartar los obstáculos más pesados? Puede que me equivoque pero es mi punto de vista, el de una persona que te habla desde "el otro lado". Es la satisfacción de superar esos obstáculos por mí mismo lo que me hace sentir más vivo de lo normal, y es en los tropezones cuando echo en falta a alguien que me tienda una mano.

No te estoy dando un consejo, nunca me ha gustado darlos, e insisto en que puede que el equivocado sea yo y que me haya llevado más golpes de los que me correspondían por el simple hecho de querer superar los obstáculos yo solo. Cualquier especialista podría demostrar que quizás no tengo razón, pero creo que todo eso me ha hecho más "sabio", por decirlo de alguna manera, y más fuerte, pero más sabia y más fuerte es una madre y más sabios son los terapeutas, así que toma esto simplemente como lo que es, una opinión que aunque sea diferente a la tuya (que a veces somos muy testarudos), va con todo mi respeto.

Un saludo.

María del Mar dijo...

Eso que cuentas es genial, pero no todos son tan fuertes de espíritu, y cuando tropiezan más de una vez no vuelven a intentarlo. En el caso de la atleta de élite Gabrielle, la cuál sólo quería llegar a meta, clasificarse, terminar, imagínate que el obstáculo hubiese sido el médico que la sujeta (algo tan humano), pasarían 4 años para volver a intentarlo pero ya sería tarde porque en el 84 contaba con 39 años de edad. Ahora piensa en un chaval de 19 años (potencialmente un brillante cirujano) que entrega su matrícula un día más tarde, fuera de tiempo, y por un mero trámite, no permiten de ninguna forma comenzar su primer año de carrera, ¿nadie le avisó?, ¿le dieron mal la información?, ¿realmente que pasó? ¿la burocracia es tan poderosa para hacerte caer?, ¿será capaz de esperar?....si, así son las cosas, pero ¿no son a veces injustas?, ¿poco flexibles?, ¿crees de veras que así son menos discriminatorias?.
Antonio, no te sientas mal por darme tu opinión, porque con ella la mía se vuelve más rica porque está vista desde el otro prisma.
Yo también sé que hasta que no te caes no aprendes a levantarte, lo sé porque tengo a dos petardillas en casa que por más que les digo deben de intentarlo, comprobarlo, es como decir "que quema" y hasta que no se quema no aprende a no tocar. La vida es más como tu dices que como digo yo, pero me da rabia en cuántas trabas nos ponen a lo largo del camino, a veces son tantas, que desistimos y me reitero en que eso nos impide el libre paso.
Gracias por compartir conmigo tu opinión, es un placer verte por aquí.

nuria dijo...

Creo, en mi humilde opinión, que ambos tenéis razón, aún siendo un tema este tan complejo, siempre que se hable de cómo educar a los hijos, de cómo conseguir hacerlo bien, cuando efectivamente todos somos potencialmente aptos para ello, pero no necesariamente.
Trato con muchas familias, sí claro, familias, no olvidéis que no se trata de una relación persona a persona, sino que influyen en el dinamismo de la relación varias personas que pertenecen a una familia, y después todos los factores sociales que rodean a esa familia. No se educa a un hijo ni se influye más o menos sobre el derrotero de su vida de forma aislada, sino teniendo en cuenta todos los parámetros que rodean la situación.
No es tan difícil reflexionar y analizar sobre los estilos educativos de los padres; a fin de cuentas, hay sólo cuatro estilos posibles, y es bueno darse cuenta de si los pasos que damos como padres nos llevan a incluirnos en unos o en otros.
Proteccionismo, autoritarismo, pasividad, asertividad. ¿Eliminaríamos rápidamente los tres primeros, a que si? claro, aunque llegar al equilibrio es tan difícil...
Ahora situémonos en el caso de Luisa, concretamente. Luisa tiene tan solo 8 años. Pensamiento lógico, ella no entiende por qué no entiende determinadas cosas. Sin embargo a veces parece que queremos que lo entienda. Asperger, que por el momento le causa sufrimiento (eso es verdaderamente lo que me importa, no que lo sea). Lo que me importa es ver sufrir a un niño, ya sea porque es asperger, o porque tiene las orejas grandes o es gordito y se meten con él, o porque sea tímido o tartamudo y no sea capaz de que le hagan caso, o porque sea el más torpe de su clase y se sienta verdaderamente mal cada vez que tiene que entrar en el colegio. Eso es lo que importa. Y no lo dudéis, los padres canalizan ese sufrimiento como pueden, y sufren por ellos y con ellos. Da igual la magnitud del problema.
¿qué hacer? protegerlos de todo lo que les pueda hacer sufrir? evitarles el sufrimiento? eso sería sobreprotegerlos. ¿dejar que ellos aprendan solos de lo que les depara esta sociedad injusta? eso sería pasividad. Claro, tenéis razón los dos, Antonio y Mª del Mar, lo adecuado es estar a su lado para ayudarles, sin sobreprotegerlos pero actuando. Y llegar a ese equilibrio es el gran reto.
Olvidate Mª del Mar del gran nombre con el que diagnostican a Luisa, y céntrate en las cosas que le hacen sufrir, simplemente, como harías si no tuviera ese gran nombre. Y esos pasos, ese camino del que te hablaba, será igual que para cualquier madre, lleno de obstáculos, aún cuando parezca que no los hay a los ojos de los demás, para una madre siempre los habrá.
Adaptarlos a esta sociedad es simplemente acostumbrarlos a vivir en esta jungla, con todas sus injusticias. Y enseñarles el sentido de la frustración, y que sepan vivir con ella, aspecto del que carecen los niños en la actualidad peligrosamente.
Un gran beso dominguero.